Como postre del viaje que empezamos tomando el aperitivo con la subida a Peña Prieta Sur (Peña del Infierno), techo de Palencia (con el primer plato hicimos el Camino Inglés de Santiago y con el segundo visitamos Vigo y las Islas Cíes), nos fuimos a la Ribeira Sacra.
Como dice la Wikipedia: "La Ribeira Sacra es una zona que comprende las riberas del río Sil y del Miño. En la zona sur de la provincia de Lugo y el norte de la provincia de Orense; la capital de la zona se convino que fuese la ciudad de Monforte de Lemos, (Lugo)."
Hoy se acepta la traducción que se hizo del topónimo latino "Rivoira Sacrata" como Ribeira Sacra (Ribera Sagrada), por la gran cantidad de monasterios que poblaban estas orillas desde la Edad Media. Esta traducción la hizo Fray Antonio de Yepes del documento fundacional del monasterio de Santa María de Monterramo (1124), pero recientes estudios demuestran que hubo un error en la transcripción del fraile, y en el documento original no dice "Rivoira", sino "Rovoyra", lo cual se aparta del significado de "Ribera" y tiene más consitencia el de "Robledal" (del latín rubus). Así que, recogiendo la tradición celta, esta zon sería conocida como "Robledal Sagrado". Hoy en día ya es difícil que se le cambie el popularmente aceptado, y más "politicamente correcto", nombre de Ribeira Sacra.

Sea como sea, el atractivo natural, paisajístico y cultural de esta zona es evidente, sobre todo en la parte conocida como Cañones del Sil. Las empinadas laderas se precipitan hasta el río con desniveles de hasta 500 m, creando un microcilma especial, mucho más cálido y casi mediterráneo, en comparación con el predominante oceánico del resto de Galicia. Esto ha permitido desde el tiempo de los romanos el cultivo de viñas en bancales (llamados "socalcos" o "muras") cuyos caldos gozan de merecida fama, sobre todo el denominado Amandi.

Hacia allí nos fuimos saliendo tempranito de Vigo, vía Orense, llegando al embarcadero de Santo Estevo a las diez y media de la mañana. El catamarán no salía hasta la once y media, así que llamamos al número de reserva y, ya tranquilos, nos fuimos a visitar el monasterio de Santo Estevo, hoy restaurado y convertido parcialmente en Parador de Tursimo.

El grandioso y monumental monasterio de Santo Estevo es uno de los más importantes de Galicia, parece ser que fue fundado a mediados del siglo VI por San Martín Dumiense, aunque su etapa de esplendor comienza en el siglo X convirtiéndose en el principal monasterio de la Ribeira Sacra. En 1835 sufrió los efectos, como tantos otros, de la Desamortización de Mendizábal, pero hoy ha sido recuperado como parte del nuevo Parador de Turismo de Santo Estevo. Tiene elementos románicos, góticos, renacentistas y barrocos y cuenta con tres claustros.

El más antiguo, llamado de los Obispos, es románico, siendo los otros dos renacentistas. Nos dimos un buen paseo por ellos. La iglesia de origen románico y planta basilical estaba cerrada. En la parte alta de uno de los claustros había una interesante exposición sobre los afiladores, oficio tradicionalmente ejercido por gallegos.

Y después de esta visita nos fuimos al catamarán para hacer el recorrido guiado por el tramo comprendido entre Santo Estevo y San Fiz, este último pueblo sumergido en el pantano. Llovizanaba débilmente a ratos, pero esto no nos impedió disfrutar de este interesante recorrido observando las escarpadas laderas del río y como de manera inverosímil las viñas se han podido cultivar en ellas.

Tienen que sacar las uvas en barca en muchos tramos, ya que desde arriba es imposible. Una de las cosas que más nos llamó la atención el el rostro de un fraile que de manera natural se ha formado en las rocas del cañón como si las piedras se hubieran impregnado del espíritu colectivo de tantos monjes que durante siglos aquí habitaron.

Después del recorrido nos fuimos a comer por allí cerca, no muy bien por cierto, y sin más demoras salimos para visitar el que llegó a ser el número dos en importancia de los monasterios de la zona hasta el siglo XV, Santa Cristina de Ribas de Sil, construido al borde mismo del cañón.

A diferencia de Santo Estevo, este monasterio está casi en ruinas y es mucho más pequeño, pero gana en encanto y solitaria belleza dentro del bosque de castaños y robles centenarios donde se encuentra. Se cuenta que los castaños huecos, "caracochas", tienen la propiedad de curar el "tarangaraño" (raquitismo), al cruzar a través de ellos.

Ya del siglo X se tiene noticia histórica de este cenobio, era regido por el abad Gundesindo bajo la regla de San Fructuoso de Braga. Pero es el siglo XII cuando se construye la iglesia románica y el primer monasterio. En 1518 pasó a depender de Santo Estevo como priorato y empezó su declive. Existe la leyenda que desde el ábside salía un túnel hasta el exterior. Se puede decir que este es un lugar mágico para disfrutar del silencio, la contemplación (interior y exterior) y el sosiego.

Hay un sendero de 27,8 km para el que vaya con más tiempo y que comunica Peares con Santo Estevo y Santa Cristina. Pude hacer un pequeño trozo por él para darme cuenta de su belleza y recomendarlo.

Pero no hay dos sin tres, así que nos fuimos para visitar el tercer monasterio del día, San Pedro de Rocas. Antes hicimos un par de paradas para sacar fotos del impresionante Cañón del Sil, una cerca de Santa Cristina y otra en el mirador de Cabezoas, construido sobre una plataforma volada sobre la orilla orensana.

Al llegar al monasterio nos encontramos junto al aparcamiento un macizo edificio del siglo XVII utilizado hoy en día como Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra. Lo interesante está detrás. Llama la atención la espadaña del campanario construida sobre una roca en el siglo XV al que se puede acceder por una escalinata tallada en la misma piedra.

El monasterio de San Pedro de Rocas está un tanto apartado del río, cercano a la localidad de Esgos. Es el monasterio más antiguo y original de Galicia ya que sus capillas están excavadas en la roca natural. Es curioso que a pesar de esa circunstancia haya sufrido numerosos incendios a lo largo de su historia.

Aquí no vamos a encontrar hermosos elementos románicos y góticos, aquí su belleza radica en su tosquedad, en la primitiva y sencilla naturalidad de un antiquísimo cenobio excavado en la roca por los propios eremitas. Su historia comienza en el siglo VI cuando siete ascetas se retiran aquí para dedicarse a la oración. A principios del siglo VIII se abandona con la llegada de los árabes hasta que (según cuenta la leyenda) en el siglo IX un caballero llamado Gemondus, persiguiendo a un jabalí, encuentra las capillas abandonadas y se retira aquí como eremita. Otros se le unirán y le nombran abad de la comunidad.

A principios del siglo XI se implanta la regla benidictina. Después de varios incendios y reconstrucciones, a principios del siglo XX, sufrió otro que motivó su abandono. Las tres naves de la iglesia están comunicadas por arcos decorados por pilares adosados y capiteles labrados en la misma roca. El suelo está tallado con sepulcros antropomorfos de diferentes tamaños.

Después bajamos por un corto sendero hasta la fuente de San Benito, también excavada en la roca y con la propiedad (según cuenta la tradición) de eliminar las verrugas. Una rana disfrutaba tranquilamente de sus aguas.

La iglesia de este monasterio (junto con otras nueve iglesias más, incluidas las dos anteriores comentadas) forma parte de la llamada ruta de las "iglesias luciérnagas" e "iglesias que cuentan". Este programa permitirá visitar estas diez iglesias, de día y de noche, unas estarán iluminadas y otras contarán con sonido y paneles explicativos.
Y según reza la publicidad de esta ruta (
http://www.ribeirasacra.org/turismo/ga/upload/inf/22-d-154-d-iglesiasquecuentan.pdf) está pensada:
Para recordar que es de noche
Para que la gente no se pierda
Para desvelar de qué están hechas las cosas
Esta ruta busca, sobre todo facilitar la "entrada" en ellas, o lo que es lo mismo, sentarse, mirar, respirar, escuchar, entender, pasear, hasta formar parte... 
La Ribeira Sacra es otro de los lugares mágicos donde hay que volver con más tiempo, con más calma, olvidándose del reloj para integrarse en su Naturaleza.
Y ya sin más paradas, auque motivos no faltaban por el camino (monasterio de Xunqueira de Espadanedo, cerámica de Niño da Guía...) nos fuimos hacia Castro Caldelas donde teníamos reservado el alojamiento para esa noche en la Pousada "Vicente Risco", encantador hospedaje donde nos atendieron estupendamente.
(Foto desde nuestra ventana).

Todavía dio tiempo antes de la cena para visitar el castillo de Castro Caldelas, su guarda-conservador (todo un manitas autodidacta que ha conseguido restaurar hasta el antiguo reloj) nos hizo una visita guiada aprovechado que el edificio permanecía abierto fuera de horario mientras una pareja de recién casados se hacían las fotos de rigor. De vez en cuando nos hemos encontrado personas como ésta a las que había que hacerle un monumento, gracias a su agnegación y trabajo, en la mayoría de los casos no reconocido, se han salvado muchos tesoros artísticos en España ante la desidia de las Administraciones.

El castillo está construido sobre un antiguo castro celta sobre el que se fueron sucediendo otras fortificaciones hasta llegar al estado actual que hoy contemplamos, fruto de la última remodelación que se hizo en el siglo XVI para su adaptación a la vida palaciega.

La villa creció alrededor de la fortaleza que ha sufrido muchas vicisitudes a lo largo de los siglos. Ya sufrió una parcial destrucción en 1467, durante las Guerras Irmandiñas, cuando los campesinos se sublevaron contra el abusivo dominio de los nobles. Después de la derrota de los irmandiños fue mandado reconstruir por el tiránico Conde de Lemos a costa de incrementar notablemente los impuestos sobre la población.

A finales del siglo XVIII el señorío de Lemos pasa a la Casa de Alba, siendo una pariente de los duques, Sol Stuard, la última habitante del castillo a finales del siglo XIX. Antes de eso, en 1809, las tropas francesas incendian la villa y la fortaleza en su retirada en represalia por el ataque sufrido a sus tropas por vecinos de la localidad.
El castillo ha sido donado por la Duquesa de Alba al pueblo que lo está restaurando y usando como biblioteca, museo etnográfico y actos culturales. En los muros del castillo, entre grabados con las armas de los Osorio, los Castro y los Enríquez, se puede ver la "tau" templaria, al parecer, usada como signo de protección.

Como fin de fiesta, después de la cena (que tuvimos en un saloncito aparte), pudimos disfrutar de una auténtica queimada con conjuro y todo a cargo del amble y diligente encargado del hostal que, a petición nuestra, consintió en realizarla a pesar de que tenía el restaurante a tope.

Y encima fue un obsequio de la casa, todo un lujo en los tiempos que corren. Este es uno de los sitios que apetece volver y recomendar: Pousada "Vicente Risco" (988 203 360), de Castro Caldelas (Orense).

Y ya el día 13 de julio salimos de vuelta para casa, a Sevilla, no sin antes hacer tres de paradas por el camino: una en Roales del Vino (Zamora) donde dejamos unos buenos euros en queso, chacina, vino de Toro y legumbres; otra en Cuatro Calzadas (Salamanca) para comer; y la última en Monesterio (Badajoz) para el café de la tarde.
Hasta otra, que no tarde mucho.
P.D. En esta página Web hay unas fotos preciosas de la Ribeira Sacra:
http://www.nosoyundominguero.es/index.php?option=com_content&task=view&id=53&Itemid=1