Autor Tema: "Al Aire del Camino", leyendas y tradiciones (AGACS)  (Leído 1101 veces)

Desconectado defensacamino

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"Al Aire del Camino", leyendas y tradiciones (AGACS)
« en: 28 de Enero de 2008, 03:02:26 pm »
PROLOGO

La Asociación Galega de Amigos do Camiño de Santiago, AGACS, te presenta, peregrino, este trabajo realizado especialmente para ti. Hemos querido ofrecerte ese otro Camino que no se ve, pero que seguramente has intuido al borde de las encrucijadas, al pie de las gradas de los cruceiros seculares de nuestra tierra o en la profundidad de los antiguos bosques de Galicia. Es lo que muchos han denominado "patrimonio inmaterial" que para nosotros no es otra cosa que el alma y el pulso del Camino de Santiago: las antiguas leyendas, las tradiciones, los romances, los mitos de antes y los de ahora, los milagros –también los de antes y los de ahora-, las algaradas, las emociones, el rumor sordo de generaciones y generaciones tejiendo una madeja que se ciñe alrededor de tus pasos sobre un territorio sagrado: el Camino de Santiago.

La AGACS, que había incidido hasta ahora por medio de todas sus publicaciones en el patrimonio material de nuestros Caminos, así como en sus itinerarios y cartografías, considera conveniente dar a conocer también todo lo que envuelve y rodea esos Caminos de peregrinación.

Todo un inmenso patrimonio, tan importante como la mayor de la catedrales, muchas veces desconocido, otra ignorado, tal vez olvidado... pero siempre un legado que debemos intentar transmitir a futuras generaciones. En tiempos donde reinan las prisas, donde se confunde valor y precio, donde pocos ya buscan, donde hasta el Camino de Santiago parece haberse incorporado a cierta moda de "usar y tirar", te pedimos que detengas tus pasos, te acerques a un fuego que, durante siglos, ha permanecido encendido junto a la chimenea y escuches, escucha al viejo Don Gaiteros, a la pobre Isabel de Portugal llorando su desconsuelo en tu mismo Camino, rézale a la Virgen de Bonaval, emocionate con Xan da Seara, comparte tu libertad con Manfred de Camelle, dale tu mano al buen Mohamed, oma tus medidas ante el Vákner o déjate llevar por Cunqueiro hasta las misteriosas donas que te esperan en los antañones muros de Vilar.

Leyendas, tradiciones, milagros, mitos... la antigua Galicia sale al paso a la vera de tu Camino, hospitalaria, sabia, siempre renovada. Escúchala peregrino, escúchala junto al fuego antiguo de Triacastela, de A Fonsagrada, Laza o la misma Compostela. Tal vez eso te ayude a entender y amar el país que estas recorriendo, una tierra que siempre se ha querido fundir con los pasos de todos los que la han recorrido en paz y libertad en pos de la vieja aventura espiritual, la aventura del Camino de Santiago.

Hemos mantenido cada trabajo tal como nos lo han ofrecido sus autores, entendiendo que la riqueza de cada uno de ellos debe presentarse así, tal cual, sin intermediaciones. Los textos van firmados; el hilo conductor –sin firma al comienzo del capitulillo- lo ha redactado Constantino Chao, profesor de Literatura y vocal de la Asociación. Tenemos muy claro, peregrino a Compostela, que este trabajo debe estar dedicado expresamente a ti, perseguidor de nubes y de estrellas en todas las encrucijadas que llevan a uno de los últimos grandes sueños: la lejana tumba junto al Finisterrae.

Si este humilde trabajo te ayuda a entender mejor tu Camino, te pedimos a cambio lo que siempre le ha sido solicitado a los peregrinos desde las orillas de todas sus rutas: ¡rezad por nosotros en Compostela!. Buen Camino.

José Antonio de la Riera
AGACS, Presidente
"AL AIRE DEL CAMINO"
Leyendas y tradiciones jacobeas
Edita: Asociación Galega Amigos do Camiño de Santiago, AGACS 2007

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"Al Aire del Camino: Don de lenguas"
« Respuesta #1 en: 31 de Enero de 2008, 02:48:42 pm »
Don de lenguas

A veces los mitos nos visitan sin que nadie se percate y por un instante las leyendas se convierten en historia, hasta que el olvido vuelve a ambos al sitio que les corresponde.

Eso ha sucedido en el Camino a Santiago y en Galicia en multitud de ocasiones, aunque solo unos pocos hayan sabido verlo. Con todo y con ello, el mito del peregrinaje y sus leyendas jalonan el mundo onírico del País de Breogan, y sus rastros pueden hallarse en los lugares más inverosímiles.

Quiero, tal vez por un instante, trocar ese destino, para que las ideas puedan quizás fructificar en otras almas.

Cuéntase, y algún ilustre autor lo avala, que el Camino a Santiago tiene don de Lenguas, que no es lo mismo que decir que el Camino es políglota; es sutil diferencia que tiene que ver con el sentido fraternal de las lenguas. Ser políglota significa ser capaz de manejar lenguas distintas; tener don de lenguas representa la capacidad de utilizar todas esas lenguas como si fueran la materna, penetrar en lo que de sutil diferencia a unas de otras, usarlas como si fueran todas la primera, para unir a los seres que las hablan bajo el paraguas de la común identidad.

Lo que se va a narrar sucedió hace un siglo más o menos, en una aldea del místico sur de Lugo, al pie de unas montañas que son más puente de frontera, ensartada en un camino que es como la tanza de un collar, en un otoño maduro de fríos oscuros y magostos a la luz del fuego.

Un peregrino pidió, al caer la noche, acogida en una casa. Llevaba a la sazón el hombre un terno parecido al de un peregrino medieval; la única licencia a su indumento fuera quizás un pantalón gastado, que mostraba el extremo del pernil más allá del largo del manto, la cabellera descuidada y la mirada febril, la tez oscura de mil soles y una delgadez esencial.

La estancia era un cuadrado regular, de piedra revocada en blanco, con un banco de piedra corrido que la circundaba y un hogar en una esquina, a un extremo los hombres, en el otro las mujeres filando o haciendo ovillo, en el centro los zagales. Se le acomodó en un escabel en torno a la llar; del zurrón sacó un puñado de castañas que puso a arrimo de la lumbre, aceptó con una sonrisa agradecida un vaso de un arterial vino rojo y acopló a su cuerpo a aquel sitio, dispuesto a ser uno más en aquella reunión.

Los hombres contaban historias del ganado y del lobo, quizás para calentar los ánimos ante la próxima batida. Con ellas y con esa agua de vida que templa el acero de la decisión, bebían de una manguana posada sobre un taburete en el centro del corro masculino.

A la izquierda algunas mujeres, en silencio, tejían el paso de las horas al mezclarlas con finas hebras en el alma de sus ruecas. Capaces, como sólo ellas saben hacerlo, de componer ocio y negocio de manera natural.

Los críos sentados a los pies de todos ellos, las mejillas rubicundas, las bocas abiertas y los ojos más abiertos todavía
asistían, sin esfuerzo y casi sin darse cuenta, a las mejores clases que encontrar pudieran, con esa íntima mezcla de certeza y sueños que es alimento básico del alma infantil.

Cada uno, por turno, aportaba lo que tenía a su alcance, los infantes las ganas de aprender, exclamaciones o sonrisas según fuera el caso. Los hombres los relatos, épicos casi siempre, que acababan convertidos en las raíces de la historia local. Las mujeres las canciones de la zona, las de época de facendera, las de amores, las de pena, todas al rítmico batir del pandero y otros útiles de percusión casera.

Todo lo observaba en silencio el recién llegado desde la atalaya del que va volviendo, desde el escaño del que recorre la vida caminando, para tratar de penetrar el sentido más sutil de la existencia.

Cuando llegó el turno a nuestro peregrino, ser tranquilo y humilde, quiso aportar su grano a la cosecha de aquella noche fecunda. Ante la expectación que genera lo por conocer, y presentándose como buscador, les dio su razón de ser, y como poeta les dio lo que tenía, cantando quizás algo como esto:

Aimez bien vous amours; aimez l'amour qui rêve
Une rose à la lèvre et des fleurs dans les yeux ;
C'est lui que vous cherchez quand votre avril se lève,
Lui dont reste un parfum quand vos ans se font vieux. (*1)

Su lengua, puede verse, era de los Francos y lo que sucedió fue, milagros aparte, que todos lo entendieron, pues el espíritu habla un solo y único lenguaje, y en el espíritu de aquellos hombres y mujeres quedó el recuerdo de aquel suceso, que bastante tiempo después uno de los más tiernos testigos refirió a nuestro ilustre autor. Este dedicó algún tiempo a buscar en los hondones de su memoria y halló paralelismos entre el anónimo viajero de esta historia y un hombre de letras, provenzal y humilde, poeta de tan maldito casi olvidado.

Si su intuición hubiera sido atinada, hablaríamos de alguien amigo de Rimbaud, que tuteó a Verlaine y olvidó su nombre para responder al de Humilis, que mendigó por vez primera tal vez en Beirut, que vivió la poesía como un medio esencial de comunicación pero nunca publicó un solo libro, que rompió todos los lazos con el mundo convencional, que peregrinó en sentido lato, que recibió limosna de la mano de Cezanne a la puerta de una iglesia provenzal y que murió en la indigencia sin poder evitar, como quería, sobrevivir a su propia existencia.

Pero no olvides, amigo que me lees, que hablamos desde un filandón –un mundo preñado de leyendas- y a ciencia cierta sólo sabemos de un extranjero que se hizo entender, en una estancia gallega de la Torre de Babel, por quienes no hablaban su idioma; que peregrinó caminos y vagó mundos humanos en busca de una trascendencia que supo encontrar una nueva forma de vivir, en una existencia de pobreza y mendicidad, en una especie de nihilismo activo, que enseña que no es feliz quien más tiene sino quien menos necesita, y que entre otras muchas cosas vino a demostrarnos que la vieja senda que atraviesa Europa, para volver a comenzar en Compostela, tiene el don de lenguas, ese que no es más que una muestra del espíritu, humano, que habita al que es capaz de dejar su muelle quehacer cotidiano para buscarse a sí mismo, a todo y a todos en los caminos y en los mares.

El Camino de Santiago se hace acompañar a menudo de mitos y leyendas, pero estoy seguro de que los que ya habéis sentido su pellizco me entenderéis perfectamente. Como entenderéis, sin necesidad de traducción, estos versos que tal vez cantara nuestro amigo alguna vez, además de aquella noche:

Amour dans tous les coeurs et sur toutes les lèvres !
Amour dans tous les bras, amour dans tous les doigts !
Amour dans tous les seins et dans toutes les fièvres !
Amour dans tous les yeux et dans toutes les voix !

Amour dans chaque ville : ouvrez-vous, citadelles !
Amour dans les chantiers : travailleurs, à genoux !
Amour dans les couvents : anges, battez des ailes !
Amour dans les prisons : murs noirs, écroulez-vous !


Porque seguramente os habéis contagiado del Don de lenguas, ese mismo que poseía Man de Camelle, pero ¡ah¡ esa es otra historia, otro mito y su leyenda. ¿Quizás otra noche fría de un próximo noviembre?

Y alguien, además, ya te la cuenta en este libro.


Pedro Viejo

(*1) « L'Amour de l'amour » Germain Nouveau.

"AL AIRE DEL CAMINO"
Leyendas y tradiciones jacobeas
Edita: Asociación Galega Amigos do Camiño de Santiago, AGACS 2007